Trieb
Centro de Estudios Psicoanalíticos de Gto. S.C.





     Presentación



     




    A partir de la invención del psicoanálisis se han generado rupturas, desencuentros y pérdidas. Quizá la principal ruptura ha sido con el discurso freudiano, el principal desencuentro con el psicoanálisis, y la mayor pérdida la dificultad para concebir la ruptura como la dimensión del re-encuentro.

     

    Recordemos que la propuesta de Freud es que la emergencia de lo inconsciente –y por lo tanto el re-encuentro con lo reprimido– sólo se da con la ruptura de aquello que lo ha desalojado.

     

    De tal forma, la ruptura, o mejor dicho, la dehiscencia que tiene como consecuencia esta ruptura, es la oportunidad de regresar a Freud como punto de partida. Regresar en el sentido de volver a él, pero también de traerlo hacia nosotros y hacerlo hablar… decir.

     

    Pretendemos mirar a Freud como punto de partida no únicamente en el plano histórico, sino en toda lectura psicoanalítica. Freud como el eje que estructura y da consistencia a un discurso que intenta alejarse de él cada vez más, y por lo tanto se diluye en construcciones pseudo-innovadoras.

     

    Esto implica que la posibilidad de revisar el trabajo de otros psicoanalistas se abre en el umbral de la consistencia teórica en tanto a los fundamentos del psicoanálisis, a lo propuesto por Freud.

     

    Así en Trieb, Centro de Estudios Psicoanalíticos de Gto. S.C., se hace un esfuerzo por romper con una serie de parámetros establecidos sobre las maneras de estudio del psicoanálisis. No en el sentido de ser innovadores, sino con el objetivo de hacerse a un lado de la insistencia de las instituciones y “escuelas” psicoanalíticas que tienden al dogmatismo y que se asientan en el lugar de la certeza, del saber “cómo se llega a ser psicoanalista”. Y aún más, que buscan “titular” psicoanalistas.

     

    Se busca inaugurar un espacio abierto a diferentes discursos, mas no un espacio ecléctico. Trieb, Centro de Estudios Psicoanalíticos de Gto. S.C., se constituirá como un lugar de discusión en el que la invitación sea lo pertinente, en el que el “ser psicoanalista” corresponda al sujeto, a aquel que presta oído para escuchar.